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Claves de la dieta sin aditivos

dieta sin aditivos

En las últimas décadas, han surgido formas nuevas de alimentación, basadas, generalmente, en la eliminación de algún producto o grupo alimenticio del régimen habitual. Es el caso de la dieta sin aditivos, una tendencia que cada día gana más adeptos en la sociedad actual. Las personas contrarias a estas sustancias esgrimen que carecen de valores nutricionales. Es más, aseguran que causan graves perjuicios al organismo. Los aditivos se utilizan masivamente en la industria alimentaria para alterar las propiedades organolépticas (http://es.wikipedia.org/wiki/Propiedad_organol%C3%A9ptica), como el sabor, la textura y el color. También se emplean para facilitar su conservación y así se mantengan en condiciones óptimas para el consumo durante más tiempo. 

La gran mayoría de los alimentos que compramos hoy en día contienen colorantes y conservantes, por lo que es bastante difícil seguir una dieta sin aditivos. Pero no imposible. Las personas que han desterrado estas sustancias de su alimentación recurren a los productos ecológicos, con lo que se aseguran que los alimentos que consumen están libres de estos elementos. Pero no es necesario hacer toda la compra en establecimientos especializados en este mercado. Lo cierto es que en los supermercados y grandes superficies pueden encontrarse productos sin aditivos. Ante la popularidad que está alcanzando esta forma de alimentación, las marcas cada vez se preocupan más por ofrecer a los clientes artículos más saludables.

Aditivos peligrosos

Dentro de los aditivos permitidos por las autoridades sanitarias, algunos especialistas han dado la voz de alarma por el uso de ciertos componentes que consideran peligrosos. Como el ácido carmínico (E-120), un colorante de aspecto rojizo que se obtiene gracias al triturado de insectos de la familia de las cochinillas. Es frecuente su uso en golosinas, embutidos, bebidas energéticas y cosméticos. Si se toma en elevadas cantidades, puede causar insomnio e irritaciones en la piel. Otro colorante que rechazan vehemente los seguidores de la dieta sin aditivos es la tartrazina (E-102), que aporta a los alimentos una tonalidad amarillenta o naranja.

Se trata de un derivado del petróleo que se emplea, sobre todo, en pescados, aperitivos y refrescos. Respecto a los conservantes, el sorbato de potasio (E-202) es uno de los más nocivos, según los adeptos a la alimentación saludable. Procede de las bayas del árbol azarollo, aunque también puede obtenerse de manera sintética. Impide que surjan hongos y levaduras en los productos de bollería y lácteos. En dosis altas, puede originar piedras en el riñón y diarrea. El aspartato, el ácido benzoico y el ácido bórico son otros aditivos puestos en tela de juicio.

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