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Cortes de digestión, ¿mito o realidad?

cortes de digestión

Las hamacas, la caña fresquita en el chiringuito, embadurnarnos de crema solar, ver la enésima reposición de ‘Verano Azul’ (si, este año, como el Cid, también vuelve el finado Chanquete a ganar la batalla televisiva)… hay ciertas cosas que, en esta época, parecen inevitables. Estos elementos que hemos mencionado se asocian al verano del mismo modo que ese clásico de los veraneantes playeros: el corte de digestión. Todos los que hemos disfrutado de las vacaciones en la playa en algún momento de nuestra infancia hemos tenido que someternos al yugo del corte de digestión que, en función de la madre o padre de turno, nos impedía bajar a bañarnos hasta que no transcurriese desde la comida un tiempo que parecía eterno.

Sin embargo, debemos decir que esta dolencia no existe. Entendednos bien, no existe como tal. De acuerdo con lo que señalan entidades como la Fundación Española del Aparato Digestivo, los mal llamados cortes de digestión no son otra cosa que shocks térmicos. En efecto, en verano, el calor hace que el contraste entre la temperatura ambiente y la que se experimenta al entrar en el agua del mar o la piscina sea mayor. Esto se incrementa después de comer, ya que la ingesta de alimentos eleva la temperatura corporal.

Al hacer la digestión, el grueso del flujo sanguíneo se centra en facilitar dicho proceso en el estómago. Nuestro organismo, al notar un descenso brusco de temperatura exterior, como mecanismo de defensa, reparte la sangre por todo el cuerpo de cara a evitar una posible hipotermia.  Esto provoca que nuestro cuerpo experimente síntomas como mareos, retortijones, escalofríos, diarrea o, hasta en casos extremos, alteraciones en el pulso cardiorrespiratorio. Por lo tanto, papá y mamá no estaban tan desencaminados cuando nos torturaban horas y horas sin dejar que nos fuéramos a remojar a la playa o la piscina. Simplemente, lo que pasaba es que confundían ligeramente la causa del problema.

Evitar las comidas copiosas antes de un baño o entrar en el agua gradualmente son ideas que pueden ayudarte a evitar un posible choque térmico, aunque no son, en ningún caso, remedios infalibles. También debes evitar realizar actividades físicas intensas en la hora y media o dos horas que transcurren después de comer.

Asimismo el mejor consejo que podemos daros, especialmente a los papás y mamás es (lo sentimos chicos) que, en efecto, dejéis pasar esos 120 eternos minutos de rigor hasta que los niños se vayan a bañar. Sí, lo sabemos, es duro. Pero la salud es lo primero.

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