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La lacra de la obesidad

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El mundo en el que vivimos tiene grandes y dramáticas desigualdades. Quizá, la más grave de todas sea que millones de personas mueren cada día por falta de alimentos, mientras que, en los países más ricos, la gente fallece por la causa contraria. Y es que la obesidad se ha convertido en una verdadera lacra para las sociedades occidentales. Tanto es así, que hay más ciudadanos con sobrepeso (unos 2.100 millones) que desnutridos. Una situación que nunca antes se había producido. De ellos, 670 millones son obesos. Las previsiones no son nada halagüeñas y los expertos aseguran que las cifras aumentarán de tal manera que, dentro de 15 años, la mitad de la población padecerá obesidad.

En Europa, el 20% de los hombres y el 23% de las mujeres tienen este problema, según los datos difundidos por la Organización Mundial de la Salud (puedes conocer más datos sobre este organismo en su web). En cuanto a España, el 25% de los adultos supera su peso ideal. Estos porcentajes escalofriantes suponen un grave impacto, no sólo para la salud de los afectados, sino en términos económicos. Hace escasas fechas, el Tribunal Europeo de Justicia reconoció que la obesidad puede ser motivo de discapacidad en el terreno laboral. Un fallo que puede tener un serio impacto en las empresas si se ven obligadas a adaptar sus centros y operativas de trabajo a las personas obesas.

Productividad más cara

Así las cosas, la obesidad se alza como un conflicto de gran magnitud para los países desarrollados. No sólo supone un elevadísimo coste para los servicios públicos y privados de salud, sino que encarece la productividad de las empresas. En Europa, el coste que tiene para las compañías se sitúa en los 160.000 millones anuales. Con estas cifras que se barajan y las negativas previsiones, no es extraño que se haya dado la voz de alerta para atajar esta problemática cuanto antes.

Son varios los gobiernos europeos que han emprendido iniciativas para promover hábitos alimenticios saludables. Pero parece que estas campañas no son suficientes. En este sentido, los expertos señalan que lo más efectivo sería que las empresas costeasen programas de pérdida de peso y diseñar sus instalaciones para ayudar a sus trabajadores a quitarse esos kilos de más (espacios para el ejercicio, venta de productos bajos en calorías, ofrecer un lugar para que los empleados puedan tomar su propia comida…). Lo que está claro es que es imprescindible adoptar medidas para evitar que este serio problema se agrave.

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